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La
carga viral plasmática
(CVP), el
número de linfocitos CD4 y la
evolución clínica son los
parámetros para monitorizar la eficacia del TARV, siendo los tres conjuntamente
necesarios para la valoración del tratamiento.
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Carga viral (respuesta
virológica): La CVP es el principal parámetro para evaluar la eficacia del TARV
y para definir el fracaso del mismo y, por lo tanto, para tomar decisiones de
cambio de tratamiento. En la actualidad la CVP es un criterio secundario para el
inicio del TARV, complementario a la cifra de linfocitos CD4. Para el control y
seguimiento de la eficacia del TARV debe utilizarse, siempre que sea posible,
una técnica ultrasensible de determinación de CVP (nivel B). Se recomienda
confirmar siempre la CVP con una segunda determinación antes de tomar decisiones
terapéuticas (nivel B). Debe efectuarse una determinación de CVP a las 4 semanas
de haber iniciado el TARV para comprobar que existe una respuesta virológica y
como medida indirecta de la adherencia. Posteriormente debe solicitarse esta
determinación cada 3-6 meses. Los criterios de respuesta virológica son los
siguientes:
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Respuesta
virológica completa: CVP < 50/20 copias/mL a las 16-24 semanas. Todos estos
pacientes tienen una respuesta virológica al mes (disminución > 1 log10 / mL) y
a los 3-6 meses tienen una CVP indetectable por las técnicas convencionales.
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Fracaso
virológico: cualquiera de las siguientes situaciones:
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CVP
detectable a las 24 semanas de iniciado el TARV.
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Si tras
alcanzar una CVP indetectable (< 50 copias/mL), ésta vuelva a ser detectable en
dos determinaciones consecutivas.
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Número de linfocitos CD4+ (respuesta
inmunológica): La cifra de linfocitos CD4 es el parámetro más importante para
decidir el inicio del TARV, ya que es un factor pronóstico de progresión
clínica, mortalidad y beneficio del TARV más importante que la CVP. Por este
motivo debe medirse la cifra de linfocitos CD4 en la primera visita para adoptar
decisiones respecto al inicio del TARV (nivel B). Por el contrario, la cifra de
linfocitos CD4 es un criterio menos importante que la CVP para decidir cambios
en el tratamiento ya que el fracaso inmunológico suele ir precedido de fracaso
virológico. Debe efectuarse una determinación de CD4 cada 3-6 meses en pacientes
asintomáticos. Siempre debe hacerse una segunda determinación antes de tomar
decisiones terapéuticas. No existen datos que permitan definir una respuesta
inmunológica adecuada. En general se admite, basándose en los estudios de
cinética celular, que durante el primer año debería existir un aumento como
mínimo de 50-100 linfocitos CD4/µl.
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Respuesta clínica del paciente: debe
efectuarse un control clínico a las 4 semanas de iniciar el TARV y
posteriormente cada 3 meses. No existen estudios que determinen con exactitud la
periodicidad necesaria. La mayoría de clínicos realizan controles en pacientes
estables cada 3-6 meses (nivel C). Los controles biológicos (CVP, linfocitos
CD4) se efectuarán con la misma periodicidad que los controles clínicos.
Otras
consideraciones:
Es muy
importante valorar la adherencia, la toxicidad y las potenciales
interacciones farmacocinéticas del TARV en todas las revisiones.
La falta
de adherencia al TARV es la primera causa de fracaso terapéutico. Varios
estudios han demostrado que para que el TARV sea efectivo es necesaria una
adherencia al TARV superior al 95%. Por tanto, es muy importante que los
pacientes sean conscientes de su enfermedad, entiendan cual es el objetivo del
TARV, participen en la decisión de iniciar el TARV, se sientan capaces de
cumplirlo y comprendan la enorme importancia que tiene una toma continuada y
correcta de la medicación. En este aspecto el profesional en salud debe jugar su
papel.
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